miércoles, 23 de junio de 2010

Mi vida es un vestido

De flores o a lunares.
Con colores de estación o en perfecta combinación con las frutas.

No me interesa hablar de cualquier vestido, sino de los vestidos que me emocionan profundamente: los vestidos de verano, los famosos vestiditos.

Sí.
Hasta un poco más arriba de las rodillas con olitas de tela al final, dejando huella en pensamientos eternos cada vez que se marchan. Vestiditos amigos del sol y también de la lluvia, no se arruinan bajo el agua, por el contrario, devienen aun mas galantes.


Me dije que los estimo tanto por no ponérmelos, pero ahi reside la maravilla: a los vestiditos hay que saber llevarlos, lucirlos y más aún, observarlos.

Besaré a la máquina de coser, o de ser necesario...las manos. Esas manos artesanas de este vestidito amigo del viento y del barro.

Mas que una prenda de vestir, el vestidito es una delicia terrenal, y quién sabe si más allá también. Desde épocas antiquísimas hasta hoy, de diversas textual, con utilidad estética y de vestir.





Lo más sorprendente es que el momento que más se espera es cuando el vestidito deja de ser; cuando el vestidito se va, cuando suavemente (o ni tanto) se quita, con las manos, con la boca o con los ojos.












Buscapies.

1 comentario:

Ivana Gorosito dijo...

Busca
sos un zafado, ahora me diste ganas de usar un vestidito (si, de esos que no me pongo ni loca!)

beso, no pares de escribir